Los cimientos emocionales y sociales del ser humano

La etapa perinatal comprende el desarrollo del feto en el seno de la madre y los tres primeros años de vida del bebé. Es una etapa crucial en el desarrollo emocional y social del ser humano, ya que es donde comienza a desarrollarse el Apego. Los elementos que lo componen son (B. Perry, 1999):

• Consiste en una relación emocional perdurable con una persona específica.
• Produce seguridad, sosiego, consuelo, agrado y placer.
• La pérdida o amenaza de pérdida de la persona evoca una intensa angustia.
• La mejor representante de esta relación especial es la relación madre/infante.

cimientos emocionales

Este primer apego será el que vertebre toda la vinculación social y emocional de esa persona a lo largo de su vida, de ahí la inmensa importancia que tiene conocerlo y cuidarlo especialmente en esta primera etapa del desarrollo.

Según Klaus y Kennell (1976) el vínculo que desarrolla las madres se caracteriza por:

1. Forman un lazo emocional con sus bebés.
2. Son cruciales las primeras horas tras el nacimiento del bebé
3. Y es un proceso rápido.

Lo habitual es que una madre emocional y físicamente saludable se sentirá atraída por su bebé, tendrá el deseo físico de olerlo, abrazarlo, mecerlo, arrullarlo y mirarlo detenidamente. El niño a su vez le responderá acurrucándose, balbuceando, sonriendo, chupando y agarrándose a ella. En este círculo de retroalimentación recíproco positivo, esta danza entre la madre y el infante, es donde se desarrolla el apego (B. Perry 1999)

La vinculación y el apego están predeterminados en el ser humano y se dará espontáneamente a no ser que algo grave lo impida (Klaus y Kennell, 1976) Las interrupciones en esta danza se pueden deber a problemas primarios con el bebé, el cuidador, el ambiente o el acoplamiento entre el infante y su cuidador. (Perry 1999) Los impedimentos más frecuentes son: Separación física al nacer, separación emocional durante el embarazo, el nacimiento o inmediatamente después, estrés gestacional, complicaciones en el parto….

Él bebé en la barriga de la madre percibe el entorno confortable u hostil dependiendo en buena medida de cómo se encuentre su madre. Parece lógico pensar por ello que el cuidado emocional, psicológico y social de la madre es fundamental para preservar el desarrollo saludable del bebé tanto en el vientre de la madre como a lo largo de su vida.

Durante los primeros meses de vida del bebé el cuerpo de la madre será el medio donde empiece a conocer el mundo, y donde los canales de comunicación cara-a-cara se dan en la protoconversación, las vocalizaciones, los gestos con las manos y los movimientos de brazo y cabeza, todos ellos actuando coordinadamente para expresar la conciencia y las emociones interpersonales (Aitken y Trevarthen, 1997).

La capacidad de la madre de estar “conectada” a su bebé en la difícil tarea de la crianza dependerá en buena medida de su capacidad de auto regulación emocional y co-regulación, del propio vínculo de apego que tuvo la madre cuando ella era bebé, del apoyo social que disponga, de las expectativas que tenga con su bebé y con la maternidad…
Por último, es importante tener en cuenta que cuando somos madres se activa el sistema de apego que nosotras recibimos de niñas, por ejemplo, si el apego que recibimos de nuestro cuidadores es de carácter inseguro, y no lo hemos reparado en un proceso terapéutico, es muy probable que el apego que proporcionemos a nuestro hijo sea inseguro, por lealtad al sistema familiar y sobre todo por desconocimiento de otras formas de interactuar con un bebé.

Cristina Rodríguez
Psicóloga de Adultos. Especialista en Trauma, trastornos de Ansiedad, depresión, duelo. Terapia de Pareja y Sexualidad