Navidad: Mente, corazón y contradicción

Se acerca el periodo navideño, y más allá de arquetipos culturales, es sorprendente observar el efecto de estas fechas en las diferentes etapas de la vida de una persona.

Para usted que me lee, ¿qué es lo que le evoca?

Son tres semanas que representan la familia, el fin de año, las interminables colas para comprar regalos, la presión social por acertar con los detalles, la inquietud de quien le tocará en el amigo invisible, los nervios por los viajes, las comilonas que reconozcámoslo, ponen al límite nuestro querido sistema digestivo, ¿alguna vez ha ayunado después de una cena de Noche Buena, Comida de Navidad y San Esteban?

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Y qué me dicen de cuando la Navidad deja de ser una fecha entrañable, para convertirse en un recordatorio de las ausencias, tanto de nuestros familiares y amigos.

Muchas personas en duelo atravesarán desasosiego en estos días que se acercan. Quizás decidan artificialmente ignorar la Navidad, no decorando su hogar: pero ¿cómo hacerlo? Las luces en las calles, las canciones en los establecimientos, los interminables anuncios de juguetes y colonias, los mensajes de felicitaciones por WhatsApp etc.

La Navidad lo abarca todo, no se puede escapar.

Y los gastos, que me dicen de ese frenesí histérico, de las prisas, de que no se me olvide nada, y de admitir que nuestro presupuesto siempre se estrecha en estas fechas, y ¿por qué?, ¿la presión social de nuevo?, ¿nuestra impulsividad que salta con los resortes aprendidos en la infancia?

En realidad, lo que les acabo de relatar no es un manifiesto Anti-Navidad, pero pretende llamar su atención para parar y reflexionar: sin ese automatismo que dirige nuestras vidas con demasiada frecuencia. Pensar sobre nuestros sentimientos, sobre nuestras necesidades, incluso sobre nuestras limitaciones, en contraposición con lo que la sociedad impone, respecto a estas fechas señaladas.

Cualquier experiencia en la etapa adulta suele tener algún ingrediente de contradicción, y ser conscientes de ello es el inicio para lidiar con todos los aspectos de la Navidad, que para nosotros sean difíciles.

A medida que trato y aprendo de mis pacientes, me doy cuenta de que un bálsamo para nuestro corazón, nuestra mente y nuestro cuerpo consiste es darnos permiso para sentir exactamente lo que estamos sintiendo, incluso aunque vaya a contracorriente, incluso aunque no lo entendamos.

Les invito a que se tomen unos instantes para probar….

Cristina Rodríguez
Psicóloga de Adultos. Especialista en trauma, trastornos de ansiedad y depresión, duelo, y terapia de parejas y sexualidad.